NOMBRE VULGAR: Biguá
NOMBRE CIENTÍFICO: Phalacrocorax olivaceus
El Biguá es un ave solitaria de hábitos
acuáticos con plumaje negruzco; oscuro.
Es frecuente verla volando sobre los lagos y
ríos velozmente, al ras del agua con un vuelo recto y preciso; y de vez en
cuando con la punta de las alas tocar la superficie.
Luego de sus zambullidas en busca de los alimentos que logra debajo del
agua, es común verla con las alas desplegadas hacia el sol sobre alguna rama
segura, para librarse de la humedad.
Largo del cuerpo : 64 a 75
cm y una envergadura alar de 100 cm
Peso: 1 a 1,5 kg;
Familia:
Phalacrocoracidae
Colores: negro
brillante
Su
dieta consiste principalmente de peces pequeños, pero también come renacuajos,
ranas e insectos acuáticos. Como el biguá no tiene grasa en las alas se las
moja y para secarcelas se para en una rama y extiende sus alas.
Son
monógamos y procrean en colonias. El nido es una plataforma de ramitas con una
depresión en el centro rodeado con ramitas y gramillas. Ponen hasta cinco
huevos azulados y blancos. Ambos sexos incuban durante aproximadamente 25–30
días, y ambos padres alimentan los jóvenes hasta alrededor de 11 semanas. A la
duodécima semana los pichones son independientes. Tiene una camada de cría por
año.
LEYENDA DEL MBIGUÁ O BIGUÁ
Entre los guaraníes se cuenta que Biguá era un
indio fornido y esbelto que vivía feliz con su esposa llamada Yerutí, en una
choza a orillas del río Miriñay.
Pero la belleza de la joven había despertado la
codicia de Capiberá, quien aprovechando un día de ausencia del esposo, la raptó
llevándosela atada en una piragua.
Perseguido por Biguá, fue alcanzado y muerto. Su
desesperación no tuvo límites cuando vio que su compañera había desaparecido.
Buscóla por todas partes en el río, en la selva, pero
sólo el eco devolvía el angustioso llamado. Vencido al fin se arrojó a las
aguas del Miriñay porque sospechó que allí habría perecido la hermosa Yerutí.
Al poco tiempo vieron sus hermanos de la tribu que un
ave de plumas negras volaba insistentemente sobre la choza en la que habían
morado los desdichados amantes, se internaba en la selva y se arrojaba en el
inquieto Miriñay.
Consultado el hechicero, dijo que era Mbiguá
transformado en ave que seguía buscado a su dulce compañera.
El texto y datos son extraídos de diferentes páginas de Internet.