miércoles, 22 de junio de 2016

La Historia de una Foto



Muchas veces nos pasa que mostramos una foto y a muchas personas les surge la inquietud de cómo se obtuvo. O en otros casos no se imaginan todo lo que debe hacer un fotógrafo para obtenerla.

Hoy me voy a tomar el tiempo de explicarles, porque además tengo la ayuda de mis amigos fotógrafos, que documentaron mi trabajo.


Llegamos al Matadero abandonado de Epecuén y los empezamos a retratar, como siempre uno lo primero que hace es su frente.



Ya desde lejos observaba su chimenea y uno ya va imaginando que foto se puede hacer.

Cuando me acerco, lo primero que se me ocurrió es subir a ella.

Debía investigar cómo hacerlo y si era seguro.

Pisando en estibas de escombro, amontonado contra las paredes fui subiendo al techo.  

Porque no encontré una escalera para acceder a él. 




Una vez arriba del techo, debí caminar por una pared de 45 cm de espesor para acercarme a la chimenea. Luego descubrí un acceso más fácil. Subo con la idea de realizar una panorámica del lago y la ciudad.

Una vez arriba se me ocurre observar su interior, para sorpresa a medias, debo admitirlo, descubro una lechuza campanario. Es típico que creen su hogar allí dentro y es muy probable que en el fondo hubiera tenido sus polluelos.

A hacerle una foto, me dije, sería un documento tremendo. Intento hacer foco, imposible, muy oscuro.
 Trato de hacer foco manual, hago una foto y no me gustó el resultado. Me debía sujetar de alguna manera a esas alturas, lo que me limitaba el accionar de mis manos.

Me dije, a buscar una linterna, yo tenía una en el auto, pero Laura tenía una en su bolsillo. 

Debía bajar, dejo la cámara en el techo, en lugar seguro, para agilizar mis movimientos de descenso. Me prestó la linterna, debía regresar obligatoriamente, la cámara estaba arriba.

Subo nuevamente a la chimenea. 


Siempre con el mayor de los cuidados. Tres de las cuatro extremidades deberían estar siempre sujetadas a las agarraderas - escalones que permiten el ascenso. Una vez arriba prendo la linterna. No era fácil, casi no me podía sujetar, ya que en una mano tenía la linterna, en la otra la cámara.
Debía mantener el centro de gravedad, lo más cerca de la chimenea, debía casi unirme a ella. Con mi cabeza, casi adentro, trabándome con mis codos y cada elemento en mi mano y el ojo en la mira.
Seguía siendo dificultoso hacer foco, iluminando a la lechuza, pero el auto foco seguía poniéndose loco.
Logré hacer tres fotos, con diferente distancia focal ( 28 – 50 – 300 mm ) y con flash por supuesto. Son las que muestro en la publicación.
La última fue la más complicada, cada vez tenía menos luz. Solamente la luna llena me acompañaba allá arriba con un poco de luz, ya que el sol se iba perdiendo en el horizonte. 
Una vez logrado, la emoción fue muy grande, que el objetivo inicial, se me pasó por alto. Además la noche se apoderaba de nosotros y debía bajar. Solo un par de panorámicas, pero desde el techo, me traje de recuerdo. Una de ellas, les muestro, la del texto invertido “OREDATAM”

Las fotos, que acompañan el testimonio de mi acción, fueron realizadas por Laura Jakulis y María Cristina Silva, a quienes les agradezco eternamente su compañía; como también a Hugo Carballo y Cristina  Wnetrzak que también me hicieron varias fotos.


  



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