martes, 30 de abril de 2013

Teoría de la Desaparición de los Dinosaurios

Teoría de la Desaparición de los Dinosaurios by RickyGlew


Una mañana de sol abrazador sobre el Valle de la Luna estaban convocados para el súper-clásico de Bochas de la Tierra.
Se enfrentaban Cañón de Talampaya contra los Gusanos  de Ischigualasto.
El público, temprano, fue llegando al estadio natural que generaban las colinas del valle.
Todos eufóricos y gritando, se fueron acomodando mientras levantaban cardones en sus garras como si fueran banderas.
Por un lado los herbívoros, por el otro los carnívoros. Los jugadores estaban concentrados en sus respectivos vestuarios escuchando la charla técnica. Cada uno planteando su estrategia de juego.
La tribuna iba entrando en calor con los saltos y los cánticos de los asistentes. Todos impacientes, esperaban la llegada de los contendientes.
Los equipos fueron ingresando al valle con sus garras afiladas y abriendo sus grandes bocas para mostrar los fuertes y lustrosos dientes donde el sol se reflejaba.
Ya en el campo de juego, mostrando su fuerza, fueron en la búsqueda de su bocha preferida. La que le permitiría arrimar al bochín o con la cual bocharían y desarticularían una estrategia de juego del rival.
Esto no fue nada sencillo, ya que las discusiones y peleas comenzaron a darse. “Esta es mía, no esta es la tuya”. Unos querían las más grandes, otras las acorde a su tamaño. Pero tranquilos… la sangre no llegaría al río en ese momento.
En las tribunas no estuvieron ajenos a estos gestos y muchos empezaron a blandir sus cardones como señal del potencial que tenían entre sus garras.
Dio comienzo la contienda: Eoraptor tiró el bochín y las discusiones comenzaron porque no había pasado la línea media.
En la segunda oportunidad, Herrerasaurus la pasó de la línea final. Algunos  no lo toleraron y  se tomaron con sus garras, pero no pasó a mayores.
Ya con las reglas claras e impuestas prosiguieron el juego.
Cada uno hizo su tiro. Algunos bocharon, otros arrimaron. Algunos bochazos terminaron rajando las del rival, cosa que generaba nuevos enfrentamientos personales y peleas.
Pasado el medio día, al sol sofocante se le sumó un terrible viento Zonda que alteró un poco más los ánimos.
La gran discusión comenzó cuando dos bochas quedaron a distancias similares del bochín. A simple vista, era imposible determinar la ganadora.
En ese momento se implementó como herramienta de medición el patrón pulgar, pie y brazo.
El clima encendido en la cancha fue incrementándose ya que cada uno de ellos quería imponer su miembro como herramienta de medida.
El Frenguellisaurus le decía a Herrerasaurus: “Tus uñas son muy largas, eso no vale para medir”. Un Eoraptor le respondía: “Tus pasos son muy largos”.
La violencia se trasladó a las tribunas y como ya los cardones no eran suficientes como arma,  fueron invadiendo el campo de juego y agarrando las bochas para tirarles a la hinchada rival.
Este desmadre se generalizó y se convirtió en una batalla campal, todos contra todos.
Al terminar el juego o la contienda, como ustedes lo quieran titular, muchas peleas había de cada lado.
El resultado deportivo fue anecdótico, por mucho tiempo se habló de los disturbios  acaecidos.
Para el próximo enfrentamiento se nombró un árbitro. Y en el siguiente se crearon las malas palabras, todas destinadas al juez.
Pero así y todo, la violencia no declinó y lentamente fueron desapareciendo uno a uno en tremendas batallas.
“Todo acontecimiento similar al futbol actual es pura coincidencia”.

domingo, 28 de abril de 2013

La Cuesta de Huaco

En una rotonda en “la 40”, tuve que poner en funcionamiento mi GPS lingüístico nuevamente.
Un destacamento policial era lo que tenía a mi alcance.
Me indican que ambos caminos me llevarían a Jáchal, pero por la cuesta era más bello y pintoresco.
Me indicaron que se debe manejar con cuidado ya que en algunos sectores sólo podía pasar un auto a la vez. Principalmente, en un túnel tallado en la piedra.
Les pedí agua para lavar el parabrisas y los vidrios del auto. Me indicaron un aljibe y con una botella saqué un poco. Los lavé y seguí rumbo a llenar mi corazón con bellas imágenes.
Empiezo a subir el espiral, disfrutando tan hermoso lugar y de repente mis ojos se salen de las órbitas. A lo alto en el cielo, un cóndor surcándolo.
Miro dónde detenerme, con el cuidado de no interferir la normal circulación de los pocos vehículos que lo hacían.

Preparé el zoom en la cámara, mirándolo de reojo y con toda la calma del mundo esperé que se acerque un poco.
En el fondo del infinito cielo estaba navegando, con una suave nube en sus espaldas. Realizo una primera captura como recuerdo. Por ahora, tenía una imagen similar a la obtenida en el Pico Tunari en Cochabamba, de muy baja calidad.

Estaba alto y las nubes complotaban un poco en mi contra.Las imágenes deseadas, de una interesante calidad en el próximo capítulo. Como bonux-track, tres cóndores en una sola foto. No se las pierdan.

viernes, 26 de abril de 2013

No hables en otro idioma…

Alguien te puede entender
Estaba en Talampaya esperando subir al micro para realizar la visita al Cañón cuando de repente, frente a mí, observo tremendas cámaras.
Me acerco con mi “pequeña” cámara (comparada con la de este personaje) y la miro de reojo.
Las otras personas que se encontraban con él, le preguntan en alemán: - ¿Qué está mirando?
Ni lerdo ni perezoso, les respondí: -Yo entiendo alemán.
Fue una gran carcajada por parte de dicho grupo, a lo que este gigantón (como sus cámaras) me responde: -¡Menos mal que no dijimos nada malo!
Entablamos un diálogo contando algo de nuestras vidas y seguimos cada uno nuestro rumbo. Ellos subieron en su micro, yo en el mío.
En medio del recorrido nos cruzamos, allí le realicé esta foto y además emitimos algunos comentarios, todos alegres.
Por eso queda como consejo: si estás en otro país, cuidado con lo que decís, alguien puede entenderte.
A mi regreso, comparto esta foto en mi Facebook y descubro que un amigo lo conoce y me informa su nombre: Dominic Henneker.

miércoles, 24 de abril de 2013

Badenes en Ruta 40

En Villa Unión, antes de partir, ingreso a la comisaría del pueblo para saber el estado de la Ruta 40 a Jáchal. Golpeo las manos y se acerca un oficial.
Muy correctamente me atiende y me detalla su estado.
En las noches anteriores había llovido en las cumbres y venía mucha agua hacia el valle.
Varios badenes debería pasar con agua sobre la ruta.
Me indicaron que muchos vehículos venían de “abajo” (para ellos). Del sur, deberían haber dicho. Me alertaron de que podría haber algunas piedras arrastradas por el agua, sobre el camino.
Empiezo a recorrer “la 40”. Muy bellos paisajes a ambos lados de ella, muy áridos por cierto. Pero con las nubes y montañas, la naturaleza provocaba un gran deleite a mis ojos.
Al llegar al primer badén, lo fotografío, lo analizo y hago las evaluaciones para sortearlo. Con cuidado, en primera a fondo, por el centro de la ruta y siempre alerta a las recomendaciones policiales.
Unos cortos, otros largos, no los medí pero no quiero mentir o exagerar: alguno de ellos, unos 50 m tenía.
Un  total de seis con agua, fueron los que me pintaron el auto con un color tierra muy especial que resaltaba en el azul mediterráneo.

Así, el vehículo circuló por cuatro provincias, con una apariencia psicodélica natural.

lunes, 22 de abril de 2013

Ruinas Casa Felipe Varela


CUANDO VARELA VIENE - Zamba riojana

Letra: Félix Luna   
Música: Ariel Ramírez

Cercanías de la Rioja:
los llanos y las montañas
y un sol bruto que requiebra
la tierra desconsolada.
Varela viene llegando
del linde con Catamarca.


Cinco mil hombres con sed, 
cinco mil hombres con rabia, 
cinco mil ferocidades 
y una bandera bordada 
con letras que dicen vivas 
a la Unión Americana. 
Cuando viene Varela, sus batallones
van dejando la estela de corazones
y a las niñas riojanas 
les vienen ganas de contornar.
Y si los santiagueños plantan bandera,
las que no tienen dueño se desesperan,
porque fue Don Taboada
con una espada pa' enamorar.


Miren que guerra fiera 
     y no es mentira: 
     no bien los mozos llegan; 
     ya se retiran. No vuelven más.
Panamá y chalina al cuello,
bigote y melena blanca,
ojos de mando y de guerra,
pinta ecuestre, botas altas.
Varela juega sus suerte
con una sola baraja.
Fue un trueno que se escuchó
y empezó la atropellada.
Cinco mil desesperados
con chuzas, sables y lanzas,
echándose a la conquista
del beneficio del agua. 


¡Y el santiagueño que quiere 
que rompa a tocar la banda! 
Y los caballos que ruedan
dándole encuentro a las balas
y las tuscas y las breas
enrojeciendo sus lamas.
¡Que tarde frente a la Rioja!
¡Que pelea desdichada!
A una china llamaban la montonera, 
que andaba con guayama de cantinera; cuando fue lo de Vargas 
la pena amarga la marchitó. 
Y por unos amores aimogasteños 
suspiraban de pobres cien santiagueños, 
cuando vino Taboada y la retirada les ordenó. 


¡Miren que guerra fiera 
     y no es mentira: 
     no bien los mozos llegan; 
     ya se retiran. No vuelven más!
Triunfó el orden y la ley: 
es decir triunfó Taboada 
y aquel Felipe Varela 
anduvo de retirada 
con su ejercito mendigo, 
de la Rioja a Humahuaca. 
Y el cielo izaba bandera, 
para que la saludaran 
esos pobres derrotados: 
hijos también de la Patria. 
¡Miren qué guerra fiera
     y no es mentira:
     no bien los mozos llegan;
                                                                                                       ya se retiran. No vuelven más!

jueves, 18 de abril de 2013

Bermejo Riojano

Luego de disfrutar Talampaya, conduzco mi auto unos 100 km hasta llegar a Villa Unión, un pueblito cercano a la Ruta 40.
Llego a una oficina de informe de turismo para que me asesoren. Era a la siesta, el sol pegaba fuerte sobre mi cabeza pero mi sombrero boliviano me protegía.
Me informaron que cruzando el Bermejo podría observar cosas interesantes. Me dirijo hacía allí.
Para mi sorpresa, cuando llego al río, éste estaba crecido y no lo pude cruzar por donde ellos me indicaban.
Estaban desinformados, creo yo. Las lluvias de los días anteriores habían hecho de las suyas y cubrían un badén de tierra impidiendo el paso.
Por lo menos para mí, con mi auto bajito. Retraté el río y me llevaré el recuerdo que durante mi visita, tenía agua.

El auto rezongó un ratito patinando en la tierra blanda al dar la vuelta. Regresé a recorrer un poco el pueblo y, mientras lo hacía, comerme un rico helado como merienda.

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