Capilla de Nuestra Señora de Lujan en el Pueblo de Mechita
La Capilla se encontraba cerrada en el momento que la visité. Me puse a observar su interior desde sus ventanas. En un momento se me ocurrió hacer fotos así.
Como ustedes pueden observar, no son de la calidad que ustedes están acostumbrados. Pero me interesó mucho mostrar el efecto logrado por el vidrio coloreado sobre la imagen.
Además, el ingreso de los rayos de luz, generaban unos hermosos reflejos sobre el piso, que merecían ser documentados. Espero regresar, nuevamente y que sus puertas estes abiertas.
Ya nos alejábamos de visitar la laguna, sin palabras para describir lo vivido y me recordé que un año antes había bautizado Laguna del Chajá a otra pequeña laguna en donde habíamos avistado a dos ejemplares.
¿Cómo llamar a este maravilloso lugar? Nos preguntábamos, caminando hacía el camino, donde habíamos dejado el vehículo. Asombrados decíamos, que muchas aves.
Y Kotata, menciona en un momento ... "es que está muy escondida" ... rápidamente le dije ... "Laguna Escondida" y estuvimos de acuerdo en forma inmediata.
Seguramente algún otro visitante, le habrá puesto otro nombre, no lo sabemos. Pero desde ya, para nosotros será ese nombre, para una futura visita o para recordar el maravilloso momento vivido.
Recorriendo el Pueblo de Mechita, estas fotos son todas con rumbo al Río Salado, que está unos kilómetros antes de llegar al pueblo, llegando desde la Capital Federal. Continuaré comentando un poco de su historia, extraída de la página http://www.mechita.com/
En el año 2000, sólo 11 de las colonias eran ocupadas por
operarios ferroviarios. La crisis del ferrocarril, que en
Mechita se comenzó a observar en la década de 1970, golpeó con
lógica dureza a la vida de un pueblo con un perfil netamente
ferroviario.
En 1980 vivían en Mechita 2400 habitantes; en 1991 habían
descendido a 1936 personas; y en la actualidad, según el Censo
2001, viven unas 1850 personas.
Si bien los talleres aún trabajan, una minoría de la
población económicamente activa se dedica a dichas actividades:
58 personas reparan vagones. En la estación Mechita de pasajeros
para un tren por día en cada sentido. El 60% de la población es
mayor de 65 años. Una parte de la población (aún no contamos con
datos precisos) está desocupada y otra se dedica al sector de
servicios.
Vías de
acceso
En auto: Ruta Nacional 5, "km 201,5" hasta el Acceso de
Mechita. En tren: Ferrocarril Sarmiento, desde Once. Ómnibus o
combi: empresas varias hasta Bragado.
Mechita está sobre tierra ondulada y fértil, bajo cielos
eternos inundados por estrellas. La pampa otorga horizontes
lejanos, pero en el pueblo los gansos avanzan por la calle de
tierra entre niños en bicicleta, jóvenes del secundario y pocos,
muy pocos autos.
El pueblo de Mechita tiene su origen en 1904, con la
construcción de unos talleres ferroviarios para la línea
Sarmiento del Ferrocarril Oeste, al prolongarse las vías del
ferrocarril desde Chivilcoy hasta Bragado, y producirse la
necesidad de contar allí con un depósito de locomotoras y una
playa de maniobras.
La ubicación del pueblo surgió de una
discrepancia entre la empresa ferroviaria, en manos inglesas, y
los dueños de los terrenos donde se ubicarían los talleres de
Bragado. Al no llegar a un acuerdo comercial entre ambos, el Dr.
Manuel Quintana, entonces Presidente de la Nación, se ofreció a
donar los campos de su propiedad para destinarlos a la
construcción de los talleres ferroviarios.
En 1908 se terminaron de construir los talleres, el depósito
de locomotoras y unas colonias (viviendas) para el personal
ferroviario. Esto fue el punto de partida para la formación de
un núcleo de población, con el traslado, por parte de la
empresa, de empleados de distintos lugares a esa localidad.
Debido a este crecimiento, en 1910 se inauguró la "Estación
Mechita".
En 1950 vivían en el pueblo cerca de 5000 personas, y las 118
colonias de estilo inglés construidas inicialmente para los
operarios ya en 1930 habían sido rebasadas con creces, lo que
había provocado la ampliación de la planta urbana. En su época
de esplendor, corrían entre 6 y 7 trenes diarios de pasajeros a
la Capital Federal y viceversa, al igual que 13 trenes diarios
locales a la ciudad de Bragado cuyo fin principal era
transportar a los empleados que trabajaban aquí.
El origen del nombre, que también se le dio al pueblo, y el
de otro sector de la localidad y de los talleres denominados
Mecha, se deben al agradecimiento de la empresa a Quintana, cuya
esposa e hija se llamaban Mercedes.
Si bien estaba situada en tierras aptas para practicar el
cultivo y la ganadería, la actividad económica de Mechita se
concentró casi exclusivamente en el depósito y reparación de
locomotoras, además del movimiento que producía la estación
misma. Históricamente, cerca del 95% de la población
económicamente activa vivía directa o indirectamente del
ferrocarril. Información estraída de http://www.mechita.com/
Detrás de mi huellas, fuego Me despierto de un sueño en
el que estaba comiendo un jugoso y dulce ananá, cuyo jugo caía por la comisura
de mis labios. Eran las 5:30 AM. Hora de levantarme. Miro por la ventana, quería
saber que clima tendría para avanzar en mi viaje.
Una densa y espesa niebla
se apoderaba de mi pueblo. Shakespeare ingresó en mis
pensamientos e hizo voz las palabras: “¿Salgo o no salgo?
Salgo, 300 kilómetros
enfrentarían a las ruedas de mi vehículo.
Los cuarenta primeros kilómetros, a
paso de hombre. No podía ver la punta de mi nariz. Sin lugar a dudas William me había transportado a Londres. La luna llena fue más
fuerte y en colaboración con el Febo, me fueron despejando el camino.El amanecer hizo que el Sol cargue de
energías mis espaldas para el largo recorrido.
Unas pequeñas escalas en el
camino, me permitían retratar el escenario de la Ruta 5. La última luz de la Luna
llena, marcaba mi rumbo, al oeste. Allá, detrás del horizonte, se encontraba
escondida La Mechita, mi primer destino.
Detrás de mí una gran bola
de fuego, tenía. Desarrollaba una gran pelea entre nubes y niebla. Vehículos
encendidos parecían salir de ella. Mis espejos retrovisores eran la pantalla de
un espectáculo Dantesco. Pero no me podía distraer, sería cometer un gran error
de conducción.
Mis pasos firmes fueron
dejando sus huellas, devorando se la bruma y despejando el cielo para disfrutar
de un techo celeste intenso. Un poco después de tres
horas de mi partida, parecía que me había transportado a otro mundo. De uno de
tinieblas infernales a un hermoso paraíso terrenal. Ahora solo me quedaba
disfrutar y visitar a mis amistades, que me esperaban con sus calurosos brazos
abiertos.