La Iglesia Nuestra Señora de los Desamparados de Carhué: El edificio,
emplazado en una de las calles internas de la Plaza Levalle, es de un
estilo neogótico muy austero con una sola torre central (c 1912).
Su interior se divide en una nave central (1905 a 1909) y dos laterales (1945 a 1946). En el altar principal se encuentra la imagen de la Virgen de fines del siglo XIX donada por la esposa de Levalle (c 1884)
y en un costado la Campana de la Iglesia de Santa Teresita de Epecuén
rescatada de la inundación (1989). La iglesia, ampliada y modificada en
varias oportunidades, data de principios del siglo XX.
A principios de 1800 la laguna ya era famosa por las propiedades
curativas de sus aguas debido a que estas poseen una mineralización
superior a las de otros lugares del mundo. Cloruros y sulfatos, mediante
procesos fisicoquímicos, producen óptimos resultados en enfermedades
reumáticas, de la piel, anemias, diabetes, etc. En 1886, el primer análisis de sus aguas, fue a diez años de la fundación de
Carhué,
y fue realizado por un químico italiano quién quedó maravillado
por la riqueza mineral de las mismas y constató que la salinidad era
superior en 10 a 1, es decir que, poseía 340 g/L de sales (el mar tiene
32 g/L del mar), 202 g de ClNa, 137 g de sulfato de sodio y 1 g de
carbonato de sodio. Los primeros pobladores y visitantes arribaban al lugar en galeras o
diligencias que venían desde Azul, 25 de mayo, y en años posteriores,
desde Arroyo Corto, que era punta de riel del Ferrocarril Sud.
Esta gente concurría y acampaba en carpas a sus orillas, maravillados
por los comentarios de personas que conocían las propiedades. Cuenta la tradición, que uno de los primeros visitantes fue el Sr.
Piazza, al que le habían recomendado en Italia, baños en este lago.
Acampaban en lo que fue el Parque Municipal Insúa Narbaitz.
La mineralización del agua del lago Epecuén es casi idéntica a las conocidísimas aguas de Salies de Bearn y de Biarritz Biscours (Bajos Pirineos), cuyas maravillosas
propiedades terapéuticas benefician cada año a millones de enfermos".
Las aguas del Epecuén por los cloruros y sulfatos que contiene al mismo
tiempo en dosis tan elevadas ocupan el primer lugar entre todas las
aguas minerales del mundo, cuya composición química ha sido hasta hoy
estudiada y confirmada. En la década de 1920 se comienza a vislumbrar un
gran futuro para el Lago Epecuén.
Así, varios pioneros y visionarios efectúan obras cuyo fin es dar a los
bañistas de Buenos Aires y demás puntos confort y servicios. La sociedad
anónima Minas Epecuén fue, junto a Arturo Vatteone uno de los pioneros
en la explotación. En noviembre de 1985 los excedentes hídricos vencieron las defensas en Villa Epecuén inundando el pueblo que tuvo que ser evacuado.
El lago cubió gran parte del pueblo, que quedo abandonado por décadas. Los primeros anegamientos ocurrieron hacia el año 1977. Como solución se
implementó la construcción de un "tapón" en el canal Ameghino, a la
altura del arroyo Huascar, pero la violencia de los torrentes que
circulaban por el canal lo destrozaron en repetidas oportunidades. Estos textos fueron copiados de Laguna Epecuén pueden contener algún error.