viernes, 29 de julio de 2016

Eran juegos



 La Plaza donde los Niños jugaban en la Villa de Epecuén.
Hoy, aún bajos las aguas de la inundación producida en 1985 por la crecida del Lago .

martes, 26 de julio de 2016

sábado, 23 de julio de 2016

Como un Sunami sobre la Villa

 La Villa de Epecuén.
Estas imágenes que observarán son muy duras.
Debemos ser fuertes para verlas, pero más fuertes, fueron aquellas personas que de un día para el otro perdieron sus hogares.
 ... sus Trabajos, su pasado y que tuvieron que reconstruir un nuevo futuro.
Algunos, a pocos kilómetros, en el pueblo de Carhué, pero muchos se alejaron, quizá para nunca más regresar.
 Nunca, me había tocado visitar un pueblo así destruido.
Muchas veces retrato la ruina de un hotel o la casa que dio origen a un pueblo y que lamentablmente nunca tuvo el mantenimiento que se merecía.
 Pero esto es realmente deprimente. Queremos ponernos en la piel de esta gente, pero es imposible.
Vemos imágenes de Hiroshima, de algún Sunami, terremoto o el de alguna Guerra.  
Pero siempre por medio de una pantalla, sentados comodamente en el living de una casa.
Algo así, asusta.
Caminar sus calles, ingresar en lo que eran las manzanas.

Ver aquella Capilla  que mostré en un capítulo anterior.
Nos preguntamos ¿y Dios lo permitió? ¿ Dónde estuvo? 
Todo tipo de preguntas surgen. Sus habitantes, se habrán preguntado ¿Por qué a mí? ¿ Qué mal habré hecho?
Estas imágenes, nos hacen reflexionar ¿Qué sentido tiene apegarse a las cosas materiales?
Nos hacen pensar, debemos tener solamente los elementos para poder crecer intelectualmente.
Herramientas, para salir adelante ante una adversidad.
Hoy viene a mi mente, algún pequeño tornado que pasó por casa. Que quebró ramas de árboles, que rompió alguna vidriera o que hizo volar alguna chapa de algún galpón. Nada, comparado con esto. 
Pero, decimos, también tocó mi puerta, solo no era nuestro Día y Hora.
Es cierto, en esta inundación de 1985 en Epecuén, hubo responsabilidades de los seres humanos que no cuidamos nuestro habitad.
No quiero cargar más las tintas sobres sus cabecitas. Cada uno sabe como leerlo.
Que pasos seguirá.
Espero, que con alguna fotografía, con esas imágenes que hemos visto en alguna pantalla...

 subamos a la escalera de la Reflexión y que tengamos la conducta correcta para ver mejor la Vida.

miércoles, 20 de julio de 2016

Escala en Bolivar

 Como fueron viendo, destino Epecuén - Carhué ... 
Pero siempre el estomago manda y decidimos hacer una pequeña escala en la bella ciudad de Bolivar.
 Luego del almuerzo, una pequeña caminata por su plaza principal, a la luz de un maravilloso sol, en un medio día fresco, pero muy agradable.
Todos fotógrafos y no podíamos perdernos este escenario, aunque sea unos pequeños instantes.
 Muy pequeño informe, su bella Iglesia, pero que es seguro, que en algún futuro cercano, me volverán a ver por dicho lugar. 
Mi sangre de cangrejito, siempre hace que regrese a un mismo lugar en más de una oportunidad. 



domingo, 17 de julio de 2016

Cine Club Colón


  
El Cine Club Colón, se encuentra en el Paraje La Paz, a un par de kilómetros de Roque Perez, en la Provincia de Buenos Aires.
Se accede por un camino de tierra entoscado. Su distancia desde la Ruta 205, es de aproximadamente 8 kilómetros.
  
Este edificio fue mandado a construir por el Señor Jerónimo Coltrinari.
El Cine Club Colón se convirtió en el centro de atracción más importante que tuvo el paraje La Paz Chica, su influencia fue muy positiva para la zona. Nació como un cine, pero dentro del edificio funcionaba también unacantina.


Fue construido en 1934.
Actualmente se utiliza como cine, teatro y salón de bailes, conservando aun sus butacas originales y el estilo de aquella época.
Luego de compartir estas imágenes exteriores deseo mostrar un poco de su interior.
Una verdadera belleza, para contemplar y disfrutar.





 

viernes, 15 de julio de 2016

Capilla Santa Teresita

Capilla Santa Teresita
Villa de Epecuén 
Me conocen, ya todos ustedes.
Cuando llego a un pueblo, visito su plaza principal.
Allí, normalmente se encuentra acentada su iglesia o capilla.
Mi parada obligatoria, siempre es retratarla. 
Por fuera y si el cura dejó su puerta abierta ingreso y agradezco.



 En esta oportunidad, sabía que eso no sucedería.
Comienzo a recorrer la Villa, por la calle de ingreso. Donde a su entrada se ecuentra, hoy, una casilla de turismo. 
Avanzo y avanzo... debo admitirlo, casi me olvido de la existencia o la busqueda de su iglesia.
En una charla con mis amigos, surgió el comentario. 
"Por aquella calle se encuentra la Capilla"


 La encontré, mejor dicho, lo que ustedes ven en imágenes.
Triste realidad, duro pasado, pasó por arriba de ellos.
Como esos sunamis que vemos en los informativos.
Es lo primero que muestro, de las construcciones del hombre de la Villa Epecuén, en capítulos futuros, tendran la plaza, el balneario y los hoteles de un pueblo que fue un maravilloso centro turístico de termas.


 Hoy, es un centro turistico para la reflexión. 
Para tomar conciencia de que lo material, va y viene, y que no nos tenes que atar a ellos.
Disfrutarlo lo que tenemos, pero principal, disfrutar la Vida.
La Vida, que nos dará la fuerza para enfrentar estas adversidades, que pueden venir, sin que nos avisen. 

martes, 12 de julio de 2016

La Leyenda del Tuvicha Epecuén


El Tuvicha Epecuén y su Eterno Amor


El Amor entre Epecuén y la princesa de Carhué 


Un pequeño Indio quedó perdido en las cálidas e inmensas Pampas una tarde de verano. Tan cálidas que los pastos se convertían en hogueras. 


Ese abrazador calor tostó el rostro del niño, que cuando lo rescataron sus mayores lo bautizaron Epecuen  (casi quemado).

Ese tostado, lo hizo muy curtido y de un valor sin igual.  A medida que fue creciendo era cada más fuerte y gran cazador. Él no le tenía temor a nada, no le importaba ni atemorizaban los climas más extremos. Ni las frías noches, ni las cálidas tardes del desierto.  


Él tenía una gran energía interna, seguramente acumulada en esa tarde cuando niño en el desierto. El Sol se había metido en sus venas, era un verdadero Guerrero del Sol.

Su atractivo rosto y valentía, hacía que todas las mujeres se enamoraran de él. De esos amores nacieron cientos de fuertes guerreros. 

Un día, salió a cazar, a un hermoso Lugar Verde (Carhué), un verdadero oasis en el desierto, lleno de cervatillos y gallináceas.

Allí una bella princesa, lo vio. Ella era, Tripantu, había nacido una noche en el solsticio de invierno, de inmensa Luna Llena. Muy temerosa, ella se escondió entre los pastizales. No dejaba de observarlo.

Ella, quedo ciega de amor ante tanta belleza. Lo que provocaba que la bella Tripantu, en sus momentos de soledad, llorara todas las noches, con la Luna de testigo solamente. Sus lágrimas generaron un gran lago en una hondonada. 

 Sus aguas, cristalinas, de una transparencia y pureza sin igual, pero saladas, señal de su dolor. Eran su limpieza, su purificación interior.

Un día el gran guerrero, fue mordido por una serpiente de cascabel, en aquel bosque. El veneno, se iba apoderando de Él. Iba generando continuas alucinaciones. En esas pesadillas, recreaba una triste escena, veía llorar a la princesa. A quién desconocía hasta ese momento.



La noche se iba apoderando del cielo, él desea encontrarla. Él deseaba amarla aunque sea por única y última vez.

Su fuerza, sus  energías, lo hacían avanzar, gateando sobre la pradera que era una árida alfombra, hasta llegar al lago, que había generado las lágrimas de la doncella. Tenía sed, quería apagar ese fuego interior. Aquel de niño que le había generado el sol, aquel que el veneno del reptil había introducido en él. Todo esto, hacía que la sangre circulara por sus venas en forma de vapor. 



El agua salada, un gran espejo en la noche. Él la probó, la rechazó en primera instancia. Del fondo del lago apareció la imagen de la joven que le decía: “Bébela, bébela mi amor”. El bebió un sorbo y su delirio interno, hizo que se zambullera en el lago, como queriendo  amar a la bella mujer.

Esas lágrimas depositadas en el lago, la habían convertido en una fuente de sanación. Tenían, las mismas energías que aquel sol le había aportado de niño.

El Sol, lo habían convertido en guerrero. El lago lo sanó y quitó ese veneno interior y lo convirtió en un hombre romántico. 

Recuperado,  fue a buscar su último y eterno amor. Cuando la encontró, le juró cuidarla hasta sus últimas fuerzas. Esas aguas y ese amor, generaron en él un gran pensador y un ser lleno de sentimientos.  

Juntos, se fueron a vivir junto al lago en una pequeña casa de adobe y paja, que construyeron con sus manos. 

Ambos, se encomendaron a proteger dichas aguas, para curar a toda la comunidad. Cada miembro de la comunidad que era sanado, debía plantar un árbol en sus orillas, como señal de agradecimiento y para generar un gran fuerte natural para proteger dicha fuente de Vida.

También, proclamaron a viva voz, que castigarían a todos aquellos que no cuidaran ese Paraíso de Sanación. Que dichas aguas crecerían y crecerían, tapándolo todo. Esas aguas serían las lágrimas del pueblo que caerían del cielo.


 

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